De la tolerancia a la hipocresía

Siria es un país donde la gente, como en cualquier lugar del mundo, quiere vivir en paz. Por esta tierra han pasado diferentes pueblos y se han desarrollado diferentes civilizaciones a través de miles de años de historia, y en esta tierra han permanecido estos pueblos conviviendo con sus lenguas, religiones y culturas, adaptándose a los tiempos y a las circunstancias y fortaleciendo entre ellas los lazos de convivencia mediante el diálogo, los intercambios culturales y el respeto mutuo. La diversidad es una característica del pueblo sirio en su conjunto y la tolerancia ha sido la clave para la convivencia entre todos. Esta tolerancia se ha manifestado en el respeto a la diversidad cultural, social, religiosa, sin distinción de origen o raza.

Pero, durante los últimos 40 años de dictadura que ha vivido el país, esta tolerancia se ha ido transformando en hipocresía. El régimen ha ido fomentando el sectarismo y marcando distancias y diferencias entre las diferentes comunidades sirias. Donde antes había tolerancia, basada en el respeto mutuo, empezó a haber hipocresía, basada en la falsedad de las relaciones. El respeto se convirtió en el desprecio de los unos hacia los otros, en algunos casos, en desconfianza mutua en otros casos, y en otros casos, siguió siendo una norma de conducta entre los que rechazaban la intolerancia.

El régimen dictatorial ha empleado con frecuencia la definición de Siria, como “Cuna de Civilizaciones”, como suele conocerse históricamente a Siria, pero el uso de esta terminología tenía probablemente un doble sentido. En cierto modo, se podría decir que tras estas palabras se trataba de fomentar la segregación entre comunidades, en lugar de fomentar la unidad del pueblo, como haría cualquier otra nación mediante objetivos constitucionales y nacionales comunes, sin distinción de credo u origen; se ha utilizado también para enmascarar a un régimen basado en el autoritarismo, la opresión y una brutal represión contra sus opositores. La población sometida fue refugiándose cada vez más en el miedo y en el silencio.

Pero, en el año 2011, tras las revoluciones de Túnez y Egipto principalmente, surgen también en Siria movimientos de protesta reclamando cambios democráticos en el país, que fueron brutalmente reprimidos por el régimen, quien además de encarcelar y torturar a sus opositores, bombardeó y sigue bombardeando todas aquellas poblaciones que se han levantado pidiendo el fin del régimen dictatorial, lo que ha llevado a la destrucción de gran parte del país, a la muerte de decenas de miles de personas y al éxodo masivo de la población. Pero, la situación actual en el país es mucho más compleja que una revolución o que una guerra civil tras más de dos años de lucha por un cambio democrático en Siria, y esto es debido a las posturas políticas internacionales de diferentes países en el conflicto, a los suministros de armas, y a la presencia de grupos armados extranjeros en el país, dominando los intereses geoestratégicos internacionales cualquier posible resolución del conflicto y dejando de lado, tanto las reivindicaciones de libertad y democracia del pueblo sirio como la gravísima crisis humanitaria que vive el pueblo, la más grave desde la Segunda Guerra Mundial.

La tolerancia es un valor humano y un logro social, mientras que la segregación es un fracaso de los seres humanos para convivir.

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